Por: Andrés Avellaneda
C.A.R.I.A.C.O.
(Colectivo Amplio para la Restauración e Investigación de la Agricultura Campesina y Originaria).

Para tratar el tema de los transgénicos hay que
hacer una breve reseña del papel de la Fundación Rockefeller en la
investigación agrícola mundial. Esta fundación, hija de la estadounidense
petrolera Standard Oil Company propiedad de la familia Rockefeller, ha sido la punta de
lanza en la confección de sistemas de producción altamente dependiente de insumos
provenientes del petróleo, generando ganancias adicionales a partir de los desechos del
procesamiento de los combustibles; y también es la fundadora de todo el andamiaje
científico técnico mundial, dónde se han formado la gran mayoría de los profesionales y
científicos de hoy día, para reproducir en espacio y tiempo, tecnologías al servicio de las
transnacionales y sus filiales. De modo que las academias y académicos de todos los
continentes e ideologías (capitalista y socialista) se han formado en éstas tecnologías. Los
sistemas de producción agrícola de la Rockefeller, conocidos por muchos como la Revolución
Verde (para desviar la atención en la identificación de los beneficiarios reales) se
caracterizan por el uso de fertilizantes, venenos, lubricantes, combustibles (provienen del
petróleo), de maquinarias pesadas, monocultivos y uso de semillas “mejoradas” que sólo responden a todo este dañino subsidio tecnológico
y energético.
El saqueo de nuestras semillas
En la década de los años 30 del siglo pasado, el rendimiento de los maíces estadounidenses se
comenzó a estancar, mientras las variedades de maíces de Mesoamérica,
Suramérica y el Caribe, mayoritariamente semillas autóctonas trabajadas culturalmente,
mostraron una producción superior. Ya para la década de los años 20, Estados Unidos
había resuelto las bases teóricas para la creación de semillas híbridas (cruces genéticos
de diferentes variedades de maíz, cuya descendencia puede mostrar mayor producción
que sus progenitores, sobretodo si se le garantiza un ambiente adecuado). Ante el
estancamiento de su producción y su avance científico, los Estados Unidos deciden
venir por nuestras variedades y saberes culturalmente logrados desde las comunidades
originarias y campesinas, utilizando la investigación como actividad para encubrir la
biopiratería y bioespionaje. Se envían oleadas de “investigadores de la Fundación
Rockefeller” por toda Latinoamérica, para hacer colecciones de nuestros maíces variados;
adaptados a diferentes ecoregiones; que respondían a una riquísima diversidad
cultural; con alta resistencia, capacidad de propagación y que no dependían de “investigadores”, ni del petróleo. Estas variedades fueron
saqueadas y expatriadas para ser “preservadas en el exterior” en 25 bancos de germoplasmas
alrededor del mundo (entre ellos el Centro Internacional para el Mejoramiento del Maíz
y el Trigo -CIMMYT), donde hoy tienen el 95% de la diversidad genética del maíz lograda
por nuestros ancestros. Comienza así el proceso de dominación y
mercantilización de las semillas, la actividad agrícola y la
alimentación. Luego, parte de ese material genético fue reciclado a sus pueblos que le
dieron origen, en forma de mercancías, semillas “mejoradas” con nombres y marcas
comerciales; acompañadas con el paquete tecnológico de la Rockefeller para poder expresar
su potencial de producción.
El andamiaje científico-técnico de la Rockefeller
Paralelamente la Rockefeller se encargó de fundar casi todas las escuelas
técnicas, facultades de agronomía y centros de investigación, dónde se
formarían técnicos, profesionales e investigadores, en reproducir la ciencia y
tecnología creadas en los centros hegemónicos de las transnacionales.
También, bajo los auspicios de la Rockefeller y el financiamiento de
las Naciones Unidas, se creó el Grupo Consultivo para Investigación Agrícola Internacional,
el CGIAR, todo un andamiaje internacional que dicta las pautas de las investigaciones
agrícolas y de formación tecnológica para profesionales, profesores, científicos,
doctores, magister, dónde son “entrenados”, para multiplicar y defender en sus países a capa y
espada las biotecnologías al servicio de las transnacionales. De los 15 centros del CGIAR,
13 están en países en vías de desarrollo, como el CIMMYT en México, dónde se formaron y
se van a formar investigadores venezolanos.
De este andamiaje surgen tres etapas donde el
modelo biotecnológico imperante ha prometido resolver el hambre de los
pueblos saqueados: las semillas mejoradas; los híbridos y ahora las semillas
transgénicas o Semillas Modificadas Genéticamente (SMG); una “biotecnología
científicamente antinatural”, altamente dependiente de los centros hegemónicos, dónde
sus aparatos, insumos, requerimientos y mentes son importados; que atenta más
drásticamente contra la variabilidad genética, poniendo en riesgo uno de nuestros cultivos
madre (cultus-cultivo-cultura); además de los incontables e irrefutables perjuicios
ocasionados a la naturaleza; y su farsa de aumento de la productividad.
Chávez contra los Transgénicos. Los peligros nacionales
Venezuela nunca ha escapado de estos planes. El presidente Chávez ha
manifestado públicamente desde el 2.004 una posición firme de “No a los
Transgénicos en Venezuela”; sin embargo lobistas y especialistas continúan en sus
planes encubiertos de instaurar esta biotecnología como panacea liberadora, acechando
por diferentes frentes. Personalmente, presencie una conferencia “La biotecnología en
Cuba” donde un hermano cubano refirió tener el mayor apoyo político de su país, para
desarrollar maíz Bt (transgénico) en Cuba (estos compas merodean el IDEA). Desde el
IDEA, se han repartido trípticos en el metro de Caracas donde señalan las bondades de la
biotecnología, sin hacer
mención alguna a sus detrimentos biológicos y políticos. En el
IVIC, INIA y Facultad de
Agronomía de la UCV, un fuerte contingente de “fitomejoradores”
entrenados directa o indirectamente en el CIMMYT, están encolerizados por la postura
presidencial y hacen todo su maniqueísmo intelectual, para camuflar sus intenciones
reales, como han hecho en todos los países, incluyendo Cuba. Comienzan con “ensayos” en
instituciones de investigación y luego piden la liberación comercial del cultivo
transgénico. En la Asamblea Nacional se aprobó el 18 de octubre de 2002, una Ley de semillas,
material para la reproducción animal e insumos biológicos, publicada en Gaceta
Oficial No 37.552, que permite, previa constancia de inocuidad biológica y ambiental, la
producción de SMG. Esto es un supergolazo! que nos metieron a todos, incluyendo al
Presidente. Si se busca por internet, se verá que hay un diputado impulsando una nueva ley de
semillas, hasta ahora desconociendo el pueblo venezolano, los enfoques e implicaciones
de ésta (http://www.noticias24.com/venezuela/noticia/83345/diputado-urena-ley-de-semillas- busca-fortalecer-acceso-a-insumos-para-produccion/).
Investigadores, docentes, especialistas,
presidentes, directores, rectores del chavismo a favor de las SMG dejan permear con
cinismo, el avance transgénico, unos por mercaderes, otros porque simplemente se
criaron con la biotecnología, la reconocen con idolatría tecnocrática de salvación, sin
prever los peligros ecológicos, la dominación política y económica, que pondría de rodillas
a la revolución y al pueblo venezolano.
Los peligros internacionales
La entrada de Venezuela al Mercosur es otro escenario de fuerte presión
política y tecnológica que recibirá el Presidente y pondrá en prueba la
madurez político-ideológica real de la revolución venezolana. En países como Brasil y
Argentina las SMG están ampliamente difundidas y desarrolladas; sólo preconizan la
“productividad” lograda,
escondiendo el caos socioecológico de sus pueblos. El mundo ha
visto los acuerdos abiertos entre el gobierno Argentino y la transnacional Monsanto.
Si bien es cierto que aquí las transnacionales no andan a sus anchas, lo pudieran hacer
indirectamente a través del Mercosur, si no se mantiene una férrea postura soberana, una
contextualización autóctona y un programa emancipador. Siento que asistimos a muchos
espacios internacionales, sólo a comprar, pareciera sólo metemos la
chequera en el maletín, sin llevar propuestas de bienes y servicios para tranzar (amén del
petróleo), ni una verdadera demanda de requerimientos contextualizados, según nuestra realidad
histórica, cultural, política, económica y geoambiental; dejando a la discrecionalidad
del delegado de turno, compromisos que pueden afectar la república. El asunto es
delicado. Hemos visto presidentes aliados nuestroamericanos ser derribados por Monsanto
(Paraguay), otros dando pasos atrás (Ecuador), hasta la inimaginable Cuba desarrolla
“ensayos con fines de investigación” de maíz Bt.
Propuesta
Proponemos generar un gran debate popular y apelar al poder constituyente para
tratar el tema, pues sus implicaciones nos afectan a todos por igual, no es
un problema de especialistas, productores, agroindustria, empresas de semillas,
de un diputado, una subcomisión o la asamblea nacional o un ministerio. Un gran debate
y consulta con criticidad liberadora, anteponiendo la emancipación, la
autodeterminación de los pueblos y preservación de la vida en el
planeta, superando entornos tecnocráticos, que pretenden emular
acríticamente, tecnologías con un prontuario de miserias.