martes, 24 de mayo de 2011

Algunos somos comunistas

De #Spanishravolution nace esta reflexión. Carlos Fernández Liria explica que ante el caos ocasionado por el capitalismo en el mundo, deberá imponerse el sentido común que le permita a los seres humanos reestablecer la armonía entre sus relaciones y entre la sociedad y la naturaleza.



Algunos somos comunistas

de Carlos Fernández Liria

 
 
Entre los indignados antisistema de la Puerta del Sol, por lo menos algunos, somos comunistas.


Lo de ser antisistema no necesita ya de justificación. En estos días se ha explicado, además, con fórmulas muy afortunadas: “no es que seamos antisistema”, ha dicho alguien, “es que el sistema es antinosotros”. Hubo otro que terminó un discurso incendiario en la manifestación diciendo que “en resumen, lo que pedimos es ¡un poco de sentido común!”. No se podía decir mejor. Esto que estamos viviendo, a nivel mundial y a nivel nacional, es una salvajada, un disparate, un chiste cruel, una broma brutal, un sarcasmo, una tomadura de pelo, un crimen. Desde que en los años ochenta comenzó la revolución de los ricos contra los pobres, el capitalismo rueda sin frenos hacia el abismo a un ritmo acelerado. Y nos arrastra a todos con él. Tiene toda la razón Naomi Klein al diagnosticar nuestro sistema económico como un capitalismo del desastre. Los negocios ya no funcionan bien más que en condiciones sociales de catástrofe. Lo decía hoy Ignacio Escolar: ¿de verdad que alguien necesita que se le expliquen las causas de las protestas? No, lo raro es que no hayan estallado antes.


El sistema es ya tan revolucionario (de extrema derecha, pero revolucionario, al fin y al cabo), que los antisistema nos hemos vuelto conservadores. Los “jóvenes sin futuro” que salieron a la calle el 7 de abril no pedían la Luna. No gritaban “la imaginación al poder” ni nada parecido. La moderación de sus reivindicaciones (casa, salud, trabajo, pensión) contrastaba con la radicalidad de su posible solución: “an-ti-ca-pi-ta-lis-ta” fue el grito que más se oyó. Y de los que más siguen resonando ahora en la Puerta del Sol y en todo el Estado. Para ser moderado, para conservar una pizca de sentido común, actualmente hay que ser antisistema. En cambio, los apologetas del capitalismo se prestan a cualquier locura revolucionaria. Para salvar la economía huyen hacia adelante dispuestos a sacrificar la humanidad e destruir el planeta. Como dijo Walter Benjamin, pero mucho más que cuando él lo dijo, lo que necesitamos es un freno de emergencia. Necesitamos parar esta demencia criminal.


Benjamin pensaba que ese freno de emergencia era el comunismo. Y algunos, bastantes, lo seguimos pensando. Cuando al comienzo de la crisis se dijo que el capitalismo había fracasado y que había que inventar otra cosa, cuando lo decían quienes lo decían, en los telediarios, en la prensa más canalla del país, uno se preguntaba a qué diablos se estaban refiriendo. La receta contra la crisis, al final, ha sido más y más capitalismo. Y en verdad, no es extraño, porque el capitalismo es un sistema económico muy poco flexible, para el que no caben medias tintas. Inventar otra cosa habría sido reinventar lo que ya estaba inventado, el comunismo. Lo que parece cada vez más difícil es empeñarse en ser anticapitalistas esquivando esa palabra maldita.


Bien es verdad que no todos le hacen ascos al término. Hace pocos meses estuvo el filósofo Jacques Rancière en la Universidad Complutense, explicando que asistimos a un imparable resurgir del comunismo. Lo mismo vienen a plantear otras autoridades intelectuales como Badiou, Zizek o Negri. Y bueno, es cierto que sus lectores, entre nosotros, nos entendemos muy bien (aunque unos menos que otros, desde luego). Pero algo de razón tenía el profesor Jose Luis Pardo en una reciente conferencia al quejarse de que, un poco fuera de la parroquia, no hay forma de entender el contenido que tan insignes filósofos le dan a el término “comunismo”, fuera de algunos tópicos en los que se alude a una forma de “vida comunitaria” que remite a Francisco de Asís (como al final de Imperio de Negri), a una “democracia efectiva” o “radical”, a un “poder de las masas”o de la “multitud”, un “sin Estado, ni Ley”, es decir, fórmulas demasiado negativas, vacías y generales, más propias de un programa religioso que político.


Y sin embargo, no estamos ante un misterio insondable. Lo que necesitamos contra el capitalismo es algo muy concreto: una alteración radical en la propiedad de los medios de producción que haga posible a la instancia política ejercer un control democrático sobre la producción en el marco de una economía institucionalizada. El capitalismo actual esta institucionalizado y dirigido políticamente por corporaciones que no obedecen a ningún poder legislativo, al margen de cualquier control democrático. Nuestras democracias son libres de todo en una condiciones en las que no hay nada que hacer. Casi todo lo que afecta sustancialmente a la vida de las personas viene decidido por poderes económicos que negocian en secreto y actúan en la sombra chantajeando a todo el cuerpo social. Un pestañeo de los llamados mercados basta actualmente para anular el trabajo legislativo de generaciones enteras. No hay leyes, ni constituciones que puedan resistirse a la dictadura ciega de los poderes financieros. Es el Cuarto Reich. Los nuevos nazis no son menos totalitarios que los anteriores, pero, además, están mucho más locos. Como ha dicho Naomi Klein, los mercados tienen el carácter de un niño de tres años. Sus rabietas viajan en tiempo real conmocionando el planeta. Ni Nerón, ni Calígula estaban tan locos ni eran tan imprevisibles.


Lo que plantea el comunismo es que la economía no puede institucionalizarse democráticamente, sometiéndose al poder legislativo, sin suprimir la propiedad privada sobre los medios de producción, es decir, sobre las condiciones de existencia de la población. Lo sabemos por experiencia y lo sabemos también en la medida en que la economía marxista explica muy plausiblemente por qué es así.


Así pues, el misterio se puede aclarar. “Comunismo” es, en realidad, exactamente lo que pretenden ser (sin lograrlo en absoluto) nuestras orgullosas democracias constitucionales. Ya es difícil negar -cada vez hay más gente que abre los ojos- que lo que hemos venido llamando “democracias” no son sino dictaduras económicas ataviadas con una fachada parlamentaria. Lo que frente a ello llamamos “comunismo” no es, sin embargo, más que aquello que pretendíamos ser: democracias parlamentarias en las que las leyes pueden someter a los poderes económicos. Es absurdo plantear que el parlamento puede legislar lo que ya siempre se ha decidido de antemano en la Bolsa. La cosa está cada vez más clara: las leyes no pueden hablar por favor a los negocios, tienen que imponerse coactivamente. Pero para eso tienen que tener la sartén por el mango. Y el mango son los medios de producción.


Respecto a qué tenga que ver todo esto con aquello que se llamó “socialismo real”, hay que decir que mucho, siempre y cuando se deshagan algunos espejismos. Por ejemplo: siempre y cuando no llamemos “socialismo real” sólo a lo que se dio en aquellos países que lograron resistir algo de tiempo (entre cinco y setenta años) la agresión imperialista, sino también a todos los proyectos socialistas, comunistas o anarquistas que fueron derrotados mediante golpes de Estado, invasiones militares, bloqueos económicos, etc. El que los países socialistas no hayan sido democráticos puede significar tan solo que no hay ningún país en guerra que pueda permitirse el lujo de la democracia. De hecho, los que lo intentaron, sucumbieron bien pronto. Como ya he dicho muchas veces, el socialismo nunca pudo optar entre Allende o Fidel Castro. Era o Castro vivo, o Allende muerto.


Pensemos en las iniciativas que están proponiendo juzgar a los poderes financieros, especialmente a las agencias de evaluación de deuda. No cabe duda de que estas instituciones están jugando con el destino de la población mundial para hacer sus propios negocios privados. Ahora bien, estas iniciativas, si quieren tomarse en serio, tendrán que enfrentarse tarde o temprano al dilema de exigir algo equivalente al viejo concepto comunista de “dictadura del proletariado”. Es una total ingenuidad creer que los poderes económicos van a doblegarse a la autoridad del poder judicial, cuando no se doblegan ni ante el poder ejecutivo ni ante el poder legislativo. Sin asegurarse el monopolio en el ejercicio de la violencia, la democracia no tienen ninguna posibilidad de hacerse oír. Cómo hacer esto posible, eso sí que es un problema difícil de resolver. Y no qué debamos entender bajo el término “comunismo”.


En todo caso, hay que comenzar por algún sitio. Comenzar por el kilómetro cero de la Puerta del Sol es una excelente idea. No se trata, en efecto, de pedir la Luna, ni siquiera de pedir el comunismo. Eso ya vendrá por sí mismo cuando se entienda lo difícil que es el liso y llano sentido común en un mundo como este. Cuando para tener casa o trabajo hay que ser antisistema, las cartas están echadas.


Por eso conviene que pidamos cosas muy de sentido común. Por ejemplo: permaneceremos en la Puerta del Sol mientras que, en primer lugar, no se cambie la Ley Electoral. No se trata solo de acabar con el bipartidismo. Se trata también de acabar con ese cáncer de la democracia que es la propaganda electoral, de exigir al Estado verdaderos espacios de comunicación para que la ciudadanía pueda hacer oír sus argumentos políticos (que, como cualquiera puede comprobar en los medios alternativos de Internet, son muchos, inteligentes y poderosos). Se trata de acabar con ese espectáculo indigno y grotesco de las actuales campañas electorales, aunque solo sea porque ofenden a la inteligencia y denigran al género humano.


En segundo lugar, es necesario permanecer movilizados mientras no se arbitren las medidas judiciales para juzgar a los culpables de este desastre humano en el que nos vemos sumidos. Muchos banqueros, muchos accionistas, muchos políticos, muchos financieros tienen que acabar en la cárcel. Si no, más nos vale suprimir el Ministerio de Justicia.


Luego, habrá que pasar a otras urgencias. Es preciso parar los deshaucios. Expropiar las viviendas vacías. Socializar los beneficios bancarios y privatizar sus pérdidas. Quizás se podría promover una iniciativa internacional para que los cascos azules ocupen militarmente los paraísos fiscales... Ideas no nos van a faltar. Lo del comunismo ya se entenderá por el camino.



viernes, 20 de mayo de 2011

Pablo Neruda fue asesinado



Cuando lo leímos nos impactó. Supongo que era más fácil imaginar que la fragilidad de un hombre sensible es lo que ocasionó su muerte. Era un poeta, lo fue hasta en su drama final. Sin embargo, este final tampoco es díficil de creer. Un Pablo Neruda, vivo, luchando contra el fascismo en Chile como lo hizo antes en España, era un riesgo que el imperialismo no se podía permitir. 

DT



Pablo Neruda fue asesinado



Francisco Marín

Proceso





Todo estaba dispuesto para que el poeta y premio Nobel de Literatura Pablo Neruda se exiliara en México. Había viajado de su casa en Isla Negra a Santiago de Chile y un avión enviado por el gobierno mexicano estaba listo para recogerlo. Sin embargo, tuvo que ser internado en la clínica Santa María. Avisó por teléfono a su mujer, Matilde Urrutia, y a su asistente Manuel Araya que un médico le había puesto una inyección en el estómago. Unas horas después murió. Araya –quien estuvo al lado del poeta en sus últimos días– cuenta a Proceso un secreto que lo ahoga: el poeta “fue asesinado”.



El poeta chileno Pablo Neruda “supo a las cuatro de la madrugada (del 11 de septiembre de 1973) que había un golpe de Estado. Se enteró a través de una radio argentina que captaba por onda corta. Ésta informaba que la marina se había sublevado en Valparaíso.



“Trató de comunicarse a Santiago, pero fue imposible. El teléfono estaba fuera de servicio. Recién como a las nueve de la mañana confirmamos que el golpe se había concretado. (…) Ese 11 de septiembre fue un día caótico y amargo porque no sabíamos qué iba a pasar con Chile y con nosotros.”



Manuel Araya Osorio habla de Neruda con la familiaridad de quien ha compartido momentos cruciales con un personaje histórico. Y sí. Fue asistente del poeta desde noviembre de 1972 –cuando regresó de Francia– hasta su muerte el 23 de septiembre de 1973.



El corresponsal se reunió con este personaje el pasado 24 de abril en el puerto de San Antonio. La entrevista se llevó a cabo en la casa del dirigente de los pescadores artesanales chilenos Cosme Caracciolo, a quien Araya le pidió ayuda para develar un secreto que lo ahogaba: “Lo único que quiero antes de morir es que el mundo sepa la verdad, que Pablo Neruda fue asesinado”, asegura a Proceso.



Sólo el diario El Líder, de San Antonio, dio cuenta parcial de su versión el 26 de junio de 2004. Pero no trascendió por la poca influencia de este medio.



Araya afirma que siempre ha querido que se haga justicia. Cuenta que el 1 de mayo de 1974 le propuso a Matilde Urrutia, viuda de Neruda, aclarar esa muerte. Ambos fueron testigos de sus últimas horas: durmieron, comieron y convivieron en la misma habitación a partir del golpe del 11 de septiembre de 1973 y hasta la muerte del poeta, 12 días después, en la clínica Santa María de Santiago.



Pero Araya afirma que Matilde –quien murió en enero de 1985– no quiso tomar acción alguna para fincar eventuales responsabilidades. Según él, Urrutia le dijo: “Si inicio un juicio me van a quitar todos los bienes”. Araya cuenta que en otra ocasión tuvieron una discusión que marcó un quiebre final en su relación con la viuda. “Me dijo que lo que había pasado era cosa de ella y no mía, porque yo ya había terminado de laborar con Pablo, ya no era trabajador y no teníamos nada que ver”.



“Neruda quería que cuando muriera, la casa de Isla Negra quedara para los mineros del carbón (…) Pero la fundación (Pablo Neruda) se apropió de su obra y no ha concretado ninguno de sus sueños. A ellos (los directivos de la fundación) sólo les interesa el dinero”, espeta.



Afirma que hace dos años le entregó a Jaime Pinos, entonces director de la Casa Museo de Isla Negra, de la fundación, un relato sobre los últimos días del poeta. “Pero no han hecho nada con esa información, ni siquiera la han dado a conocer. No quieren que la verdad se sepa (…) Nunca me han dado la palabra en los actos que organizan ni siquiera en las conmemoraciones de su muerte”.



Araya proviene de una familia de campesinos de la hacienda La Marquesa, cerca de San Antonio. Cuando tenía 14 años fue acogido en Santiago por la dirigente comunista Julieta Campusano, quien le dio trato de ahijado.



Este vínculo le ayudó, pues Campusano llegó a ser senadora y la mujer más influyente del Partido Comunista, y gestionó que Araya recibiera una preparación especial en seguridad e inteligencia, entre otras materias. Araya escaló rápido. Fue mensajero personal de Allende antes de fungir como principal asistente de Neruda.



Araya, quien hacía de chofer, mensajero y encargado de seguridad de Neruda, acepta que el autor de Canto general tenía cáncer de próstata, pero no cree que esa enfermedad lo matara. Asegura que dicho padecimiento “estaba controlado” y que Neruda “gozaba de buena salud, con los achaques propios de una persona de 69 años”.



“Abandonados”



Araya dice que después del golpe del 11 de septiembre, Neruda, su mujer y el resto de los habitantes de la casa de Isla Negra quedaron “solos y abandonados”. El contacto con el mundo exterior se reducía a las noticias que les llegaban a través de una pequeña radio que Neruda sintonizaba, a las esporádicas conversaciones telefónicas de un aparato que sólo recibía llamadas y a lo que les contaban en la hostería Santa Elena, cuya dueña “era de derecha y sabía todo lo que pasaba”.



Cuenta que el 12 de septiembre llegó un jeep con cuatro militares. “Todos llevaban los rostros pintados de negro. Yo salí a recibirlos. (...) El oficial me preguntó quiénes estaban en la casa. Le tuve que decir que en ese momento estaban Cristina, la cocinera; la hermana de ésta, Ruth; Patricio, que era jardinero y mozo; Laurita (Reyes, hermana de Neruda); la señora Matilde, Pablito (Neruda) y yo.



“El oficial nos señaló que en el domicilio no podía quedar nadie más que Neruda, Matilde y yo. Entonces tuvimos que arreglárnoslas entre los tres: dormíamos en la recámara matrimonial que estaba en el segundo piso. Yo dormía sentado en una silla, arropado con un chal. Lo hacía para estar más cerca de Neruda, porque no sabíamos lo que nos iba a pasar.”



El 13 de septiembre, cerca de las 10 de la mañana, los militares allanaron la casa. Araya dice que eran como 40 soldados que venían en tres camiones. Iban armados con metralletas, con las caras pintadas de negro y uniforme de camuflaje. Vestidos y pertrechados “como si fueran a la guerra”.



Recuerda: “Entraban por todos lados: por la playa, por los costados (…) Salí al patio para preguntar qué querían. Hablé con el oficial que daba las órdenes. Me dijo que abriera todas las puertas. Mientras revisaban, destruían y robaban, los militares preguntaban si había armamento, si teníamos gente escondida adentro, si ocultábamos a líderes del Partido Comunista (…) Pero no encontraron nada. Se fueron callados. No pidieron ni perdón. Se sentían dueños y señores del sistema. Tenían el poder en las manos”.



Añade que como a las tres de la tarde, poco después de que se habían ido los soldados, llegaron marinos. “Estuvieron más de dos horas. También allanaron la casa y robaron cosas. Registraban con detectores de metales. (...) La señora Matilde me contó que el mandamás de los marinos entró al dormitorio de Neruda y le dijo: ‘Perdón, señor Neruda’. Y se fue”.



Araya recuerda que durante varios días la marina puso un buque de guerra frente a la casa del poeta. “Neruda decía: ‘Nos van a matar, nos van a volar’. Y yo le decía: ‘Si nos tenemos que morir, yo voy a morir en la ventana primero que usted’. Lo hacía para darle valor, para que se sintiera acompañado. Entonces le dijo a la señora Matilde: ‘Patoja –que así la nombraba–: mire el compañero, no nos va a abandonar, se va a quedar aquí’”.



Araya cuenta que conversaciones de ese tipo tenían lugar en la pieza del matrimonio: ellos acostados y él sentado a los pies de la cama. “Nos preguntábamos que haríamos nosotros solos. Pensábamos que a Neruda lo iban a asesinar. Entonces, resolvimos que la única opción era salir del país”.



El viaje



Araya narra que Neruda le dijo que su plan era instalarse en México y una vez en ese país pedir “a los intelectuales y a los gobiernos del mundo entero ayuda para derrocar a la tiranía y reconstruir la democracia en Chile”.



Rememora: “Desde la hostería Santa Elena –a menos de 100 metros de la casa de Isla Negra– nos comunicamos con las embajadas de Francia y México. La de México se portó un siete (nota máxima en el sistema educativo chileno). El embajador (Gonzalo Martínez Corbalá) se movilizó para ayudarnos. Creo que el 17 de septiembre nos llamó para decirnos que se había conseguido una habitación en la clínica Santa María. Allí deberíamos esperar la llegada de un avión ofrecido por el presidente Luis Echeverría”.



El problema era trasladar al poeta a la clínica. “Con Neruda y Matilde pensamos que la mejor y más segura manera de llegar hasta allá era en una ambulancia. Mi misión era conseguirla. Viajé a Santiago en nuestro Fiat 125 blanco y pude arrendar una ambulancia. (...) Recuerdo que ofrecí como seis veces más de lo que me cobraban para asegurar que efectivamente fueran a buscarnos. Acordamos que fueran el 19, porque ese día la clínica tendría todo dispuesto para recibir a Pablito.



“Llega el 19 y solicitamos a Tejas Verdes (el regimiento militar de la provincia de San Antonio) permiso para trasladar a Neruda. Me dijeron: ‘No estamos dando salvoconductos, menos a Neruda’. A pesar de la negativa decidimos partir. La ambulancia entró hasta la puerta que daba a la escalera de su dormitorio. (...) Al salir se despidió de su perrita Panda, se subió a la ambulancia y se acostó en la camilla. Neruda y Matilde se fueron en la ambulancia. Yo los seguí muy de cerca en el Fiat.”



“El viaje fue triste, caótico y terrible. Nos controlaban cada cuatro o cinco kilómetros, parecía imposible llegar a nuestro destino. Imagínese que salimos a las 12:30 y llegamos a las 18:30 a la clínica (distante poco más de 100 kilómetros de Isla Negra).



“En Melipilla fue el control más maldito. Allí Neruda vivió el momento más terrible. (...) Los militares lo bajaron de la ambulancia y le registraron el cuerpo y la ropa. Decían que buscaban armas. Él pedía clemencia, decía que era un poeta, un premio Nobel, que había dado todo por su país y que merecía respeto. Para ablandar sus corazones les decía que iba muy enfermo, pero las humillaciones continuaban. En un momento lloramos los tres tomados de la mano porque creíamos que así iba a ser nuestro fin.”



Finalmente la ambulancia llegó a la clínica tres horas más tarde de lo acordado. “Como llegamos muy cerca de la hora del toque de queda, no pudimos hacer nada más que quedarnos todos en la clínica a dormir (…)



“El embajador Martínez Corbalá fue a vernos al día siguiente. Y también el francés, que nunca supe cómo se llamaba. También recibimos la visita de Radomiro Tomic y Máximo Pacheco (dirigentes democratacristianos), de un diplomático sueco, y de nadie más.”



La inyección misteriosa



Araya dice que los primeros días en la clínica transcurrieron sin sobresaltos. El 22 de septiembre, la embajada de México avisó que el avión dispuesto por su gobierno tenía programado salir de Santiago rumbo a México el 24 de septiembre. Le comunicó además que el régimen militar había autorizado su salida.



“Entonces Neruda nos pidió a mí y a Matilde que viajáramos a Isla Negra a buscar sus cosas más importantes, entre éstas sus memorias inconclusas. Creo que eran Confieso que he vivido. Al día siguiente –23 de septiembre- partimos temprano hacia la casa de Isla Negra. (...) Dejamos a Neruda muy bien en la clínica, acompañado por su hermana Laurita, que llegó ese día a acompañarlo.”



Asegura que Neruda estaba “en excelente estado, tomando todos sus medicamentos. Todos eran pastillas, no había inyecciones. Nosotros nos preocupamos de recoger todo lo que nos indicó. Estábamos en eso cuando Neruda nos llamó como a las cuatro de la tarde a la hostería Santa Elena, donde le dieron el recado a Matilde, quien devolvió la llamada. Neruda le dijo: ‘Vénganse rápido, porque estando durmiendo entró un doctor y me colocó una inyección’.



“Cuando llegamos a la clínica, Neruda estaba muy afiebrado y rojizo. Dijo que lo habían pinchado en la guata (el estómago) y que ignoraba lo que le habían inyectado. Entonces le vemos la guata y tenía un manchón rojo.”



Araya recuerda que momentos después, cuando se estaba lavando la cara en el baño, entro un médico que le dijo: “Tiene que ir a comprarle urgente a don Pablo un remedio que no está en la clínica”.



Fue a comprar el medicamento y Neruda se quedó con Matilde y Laurita. “En el trayecto me siguieron sin que yo me diera cuenta. El médico antes me había dicho que el medicamento no se encontraba en el centro de Santiago, sino en una farmacia de la calle Vivaceta o Independencia. Cuando salí por Balmaceda para entrar a Vivaceta aparecieron dos autos, uno por detrás y otro por delante. Se bajaron unos hombres y me pegaron puñetazos y patadas. No supe quiénes eran. Me cachetearon harto y luego me pegaron un balazo en una pierna.



“Después de todo lo que me pegaron terminé muy mal herido en la comisaría Carrión, que está por Vivaceta con Santa María. Luego me trasladaron al estadio Nacional donde sufrí severas torturas que me dejaron a un paso de la muerte. El cardenal Raúl Silva Henríquez logró sacarme de ese infierno. Por eso estoy vivo.”



Neruda murió a las 22:00 horas en su habitación –la número 406– de la clínica Santa María.



Consultado por Proceso, el director de archivos de la Fundación Neruda, Darío Oses, dio a conocer la posición de esta institución respecto de la muerte del poeta:



“No hay una versión oficial que maneje la fundación. Ésta se atiene a los testimonios de personas cercanas a Neruda en el momento de su muerte y de biógrafos que manejaron fuentes confiables. Hay bastantes coincidencias entre las versiones de Matilde Urrutia en su libro Mi vida junto a Pablo, la de Jorge Edwards en Adiós poeta y la de Volodia Teitelboim en su biografía Neruda. La causa de muerte fue el cáncer. Uno de los médicos que lo trataba, al parecer el doctor Vargas Salazar, le había advertido a Matilde que la agitación que le producía al poeta el enterarse de lo que estaba ocurriendo en Chile en ese momento podía agravar su estado. A esta situación también contribuyeron el allanamiento de su casa (...) y el traslado en ambulancia (...) con controles y revisiones militares en el camino.”



Pero Manuel Araya dice no tener duda alguna: “Neruda fue asesinado”. Y sostiene que la orden vino de Augusto Pinochet: “¿De qué otra parte iba a salir?”.






Tomado de: 
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=128209&titular=pablo-neruda-fue-asesinado-

lunes, 18 de abril de 2011

Medio pan y un libro


Locución de Federico García Lorca al Pueblo de Fuente de Vaqueros, Granada. Septiembre 1931. 


"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz."

Federico García Lorca


 Agradecemos a Fabiola José, el hacernos llegar este sentido discurso. 




jueves, 31 de marzo de 2011

El Gran Dictador: Una apología del Presidente Chávez


Foto: Marcelo García. Prensa Presidencial.

De gira por nuestra América del Sur, Hugo Chávez, es más peligroso para el imperialismo que cualquiera de las armas de destrucción masiva que ostentan cruelmente en Libia. Hablar de amor, de integración, de liberación forma parte del discurso antiimperialista del presidente venezolano. El comandante, es atacado cada segundo por canales de televisión, emisoras de radio y periódicos que actualizan cada minuto informaciones en su contra... ¿Por qué es tan rechazado, como rechazada es la idea de una Venezuela insurgente que clama por una sociedad nueva, en socialismo?


El Gran Dictador: Una apología del Presidente Chávez
Por John Brown



“Si un hombre que se cree rey está loco,
un rey que se cree rey no lo está menos”
Jacques Lacan


 

Los portavoces de la derecha de la izquierda y de la izquierda de la derecha, así como de la derecha de la derecha, del centro de la derecha, del centro de la izquierda y del extremo centro, en resumen de todas las derechas independientemente de su origen ideológico sienten horror por un personaje como el Presidente de la República de Venezuela, Hugo Chávez Frías. Este horror es compartido por sectores de la pequeña burguesía intelectual incluso de izquierda. Se trata de un sentimiento de aversión profunda al hecho de que un hombre del pueblo, de origen parcialmente indio ocupe la más alta magistratura de la República. No es tanto que sea un hombre de izquierdas: a Salvador Allende o a Fidel Castro siempre les tuvieron más respeto: eran enemigos, y por ello mismo, algo reconocible. Se trataba de "gente bien" o, como dicen algunas oligarquías latinoamericanas, de "gente como uno". Eso no les impide ser "asesinables", pero los hace menos inquietantes.

Hugo Chávez es un hombre de gran talento y habilidad, con capacidad y formación, pero con unos modales y una retórica que lo hacen poco presentable en sociedad. Es precisamente esto lo que indica la radicalidad de la revolución que vive Venezuela. Por primera vez, el principal cargo del Estado no está ocupado por alguien cooptado o al menos reconocido por las clases dominantes. Se le critica por su falta de formación y su falta de modales. La formación de Chávez es la de un autodidacta, rica, heteróclita, a veces disparatada. No encaja en ningún canon académico. Es la que podría darse cualquier persona del pueblo deseosa de entender el mundo en que vivimos para cambiarlo. Sus modales no son malos en términos absolutos: nunca ha demostrado falta de educación ni de respeto a sus interlocutores y adversarios. Lo que pasa es que dice cosas que desentonan en la buena sociedad: recordar el expolio de las Américas ante el rey de España era una indelicadeza necesaria para alguien que habla en nombre de los expoliados, recordar desde la presidencia de la República que "el capitalismo es incompatible con la democracia" es algo que debería estremecer a las izquierdas y las derechas que gestionan y justifican el terror del Imperio en nombre del Estado de derecho y la democracia.

Afírma Jacques Rancière apoyándose en Platón que no existe un saber especializado, una techné propia del político, que esa misma carencia de saber especializado en los gobernantes es la esencia de la democracia, ese régimen en el que cualquiera puede llegar a gobernar. Una política convertida en técnica y acaparada por expertos conocedores de la economía y de la sociedad es lo que llama Rancière "policía": mera gestión y normalización social, sin antagonismo ni decisión política. Chávez es precisamente ese individuo que es como cualquiera de nosotros, quislibet, que ocupa el puesto del gobernante. Al hacerlo no está cerrando en nombre de un saber la posibilidad de sus conciudadanos de ser políticamente activos: por el contrario, la abre. Lo apasionante del proceso venezolano es precisamente esa capacidad enorme de apertura del espacio de lo político a las mayorías sociales, cuya participación política no se reduce ni mucho menos al ejercicio del derecho de sufragio, por mucho que para 4 millones de personas que antes de la revolución bolivariana no tenían existencia civil al no estar censadas este derecho haya sido y siga siendo sumamente importante. Chávez es un dirigente legitimado electoralmente, pero ello no quiere decir que la gente le dé un mandato libre e incondicional como hemos podido ver en el último referéndum.


Chávez es el capitán -negro mal disfrazado de blanco- de un barco negrero en rebelión, que a diferencia del personaje de Melville en Benito Cereno, acepta gustoso su papel. Y es que el modo que tiene Chávez de ocupar el lugar del poder neutraliza el funcionamiento normal de un Estado de derecho "respetable" y pone en peligro la reproducción de las condiciones jurídicas y políticas del capitalismo. Este es el único motivo por el que las derechas de toda laya lo tildan de dictador. El proceso de transformación social más democrático, más rodeado de garantías, más respetuoso del pluralismo no deja de ser una terrible ofensiva contra el poder de clase de las oligarquías venezolanas y mundiales. En Venezuela no sólo no se gobierna en favor de" la gente bien" y contra la "chusma", sino que la "chusma" está progresivamente tomando las riendas del país. Esto es precisamente la democracia, esto es lo que tantísima inquietud produce.

Afirman que Chávez es un gran dictador. Dan ganas en un primer momento de rebatir ese insulto, de decir que un gran dictador como Dios y el capital mandan no permite que el 90% de los medios de comunicación de su país lo ataquen violentísimamente a diario, que un gran dictador de bien al estilo de Pinochet el cual según los liberales como Hayek es un exponente autoritario del Estado de derecho, no convoca referéndums con posibilidades de perder. No vale la pena insistir sobre todo esto; todo el mundo que quiera informarse lo sabe. Chávez desempeña, sin embargo, el papel de otro Gran Dictador que encarnó Chaplin en la película del mismo nombre: el sastrecito pobre judío que llega a la tribuna de Hitler, lo suplanta y pone fin mediante un discurso de paz a la pesadilla bélica y totalitaria del nacionalsocialismo. El Chávez que habló en las Naciones Unidas de un Bush que "huele a azufre" santigüándose muestra el mismo talento para distanciarse de la seriedad política. La política de los soberanos es una bufonada que se toma a sí mismo en serio, imponiendo a los demás la misma seriedad. Hay que reivindicar como legitimadora la mirada de las oligarquías y de todas las derechas sobre Chávez. Lo que hay que pedirle al Presidente bolivariano es que no se rebaje nunca al lugar de un jefe de Estado "serio y respetable" como lo fueron Hitler y Carlos Andrés Pérez para los oligarcas del planeta, que evite tomarse demasiado en serio.

Su voluntad de llevar a cabo una revolución a golpe de cambios constitucionales tiene que ver con esa peligrosa seriedad y constituye un peligro para el proceso bolivariano. También es peligrosa de manera más anecdótica su polémica con el Borbón: compararse con el rey de España afirmando su superior legitimidad es creer demasiado en esta última, contemplarse como personificación de un poder soberano. Ninguna revolución, ninguna democracia auténtica son compatibles con ese tipo de poder que aparta a la gente, a las mayorías, de la participación política efectiva. Lo peor que le puede ocurrir a la revolución bolivariana es que Chávez se crea realmente que es el Presidente, poniéndose en el mismo plano que otro fulano que se cree que es rey.
 
Foto: Prensa Presidencial.
Artículo tomado de www.rebelion.org
Publicado el 06 de diciembre de 2007 (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60100)

martes, 29 de marzo de 2011

Reflexiones sobre el nuevo orden del saqueo internacional

  
Hoy me siento realmente triste.
¡Ustedes dirán!
“Bueno, tu siempre has sido
un carajo melancólico y depresivo.”
¡Y yo les respondo!
Si, pero hoy me siento realmente triste.
Es que vi llegar la primavera
sin florecer el paisaje,
al verano con brisas heladas,
un otoño amargado,
un invierno húmedo
que insiste en quedarse...

Yo, que ni se nadar, ni tengo salvavidas,
me siento realmente triste...

Adal Hernández



Luís Britto García nos presenta su análisis sobre lo que sucede en el mundo desde Libia. Les invitamos a conocer la dimensión de esta nueva invasión y el impacto  que esta tiene sobre el resto de los habitantes de nuestro planeta, enfermo física y espiritualmente por la cultura capitalista.


Reflexiones sobre el nuevo orden del saqueo internacional
Por Luís Britto García

1
Resulta entonces que tanta ONU, tanto Consejo de Seguridad, tanta OTAN, tanto tratado internacional, tanto Tribunal de la Haya, son coartadas para que los poderosos saqueen a los débiles. Sucede pues que tanta libertad de expresión, tanto Nobel de la Paz, tanta cultura funcionan como pretextos para matar en nombre del humanismo, llamar agresor a quien se defiende y bombardear a las víctimas para salvarlas. Acontece que el capitalismo vive robando a sus propios pueblos con el fraude financiero y a los de la periferia con el pillaje armado. Aparte de repetir una y mil veces más lo que todo el mundo sabe ¿qué hacer?

2
Si no puedes vencerlos, úneteles, reza el catecismo del sicario. Un repertorio de ejemplos desaconseja este connubio. Marcos Pérez Jiménez, quien sirvió a las políticas de Estados Unidos, terminó extraditado por éstos a un calabozo en Venezuela. Manuel Noriega, quien aparentemente alguna vez colaboró con la DEA, pasó a ocupar el calabozo de un reo que cambió cadena perpetua por acusarlo. Alberto Fujimori, quien ahogó Perú en un mar de sangre, languidece en la misma celda donde antes hundió a Abimael Guzmán. Los talibanes, creados, equipados, financiados y adiestrados contra los soviéticos por la CIA, son ahora inmolados en la Guerra Santa de ésta. Sadam Hussein, quien llevó a Irak a una guerra contra Irán que sólo convenía a los estadounidenses, concluyó ejecutado por el gobierno títere de éstos. Así paga el diablo a quien le sirve.

3
Si no puedes unírteles, obedéceles, dicta el breviario del servil . Otro rosario de experiencias desventuradas marca este sendero. Quitar al pueblo para dar al extranjero indigna al primero y hace desagradecido al fuereño. El rey Idris de Libia vendió su país y fue derrocado por una sublevación nacionalista. El Shah Reza Palevi de Irán lo regaló y fue depuesto por otro alzamiento nacionalista. Las monarquías sauditas debieron ceder su territorio para bases militares extranjeras y regalar su petróleo a precios cercanos a 8 dólares por barril. Carlos Andrés Pérez entregó la soberanía al FMI y tras una rebelión popular a escala nacional fue juzgado y depuesto. Mubarack, peón de los intereses de Estados Unidos, cayó sin que éstos movieran un dedo para salvarlo. Así paga el pueblo a quien sirve al diablo.

4
Si no puedes obedecerlos, congráciate, sugiere el relacionista público. Nunca esfuerzos fueron más perdidos que los de simpatizarle a tu verdugo. Estados Unidos sin previa declaratoria de guerra contra Libia le destruyó unidades navales y sistemas de radares y bombardeó Trípoli y Bengazi asesinando cerca de un centenar de personas, entre ellos una hija de Kadafi. En lugar de condenar a los estadounidenses, el Consejo de Seguridad condenó a Kadafi, y éste bajo protesta pagó indemnización por más de dos mil millones de dólares en daños por supuesta participación en la voladura de un avión por libios, a quienes también entregó a tribunales internacionales. Diversas concesiones le permitieron restablecer en 1999 relaciones diplomáticas con Londres, obtener la revocatoria de restricciones comerciales impuestas por la Unión Europea y en 2003 el levantamiento de las sanciones de la ONU. Kadafi además se desarmó entregando cinco misiles de largo alcance y centenares de alcance medio. Desde entonces lo visitaron efusivamente Tony Blair, Schröeder, Jacques Chirac y Berlusconi, a quien financió la campaña electoral, y lo recibieron triunfalmente el presidente de la Comisión Europea Romano Prodi, Aznar y el rey Juan Carlos de Borbón y el primer ministro Rodríguez Zapatero y Sarkozy, a quien también financió la candidatura: todos los que posteriormente se agavillarían para bombardearlo y confiscarle las cuentas en el exterior. Agradeció estos festejos con costosas compras de armamentos y abriendo el petróleo libio a asociaciones estratégicas con la inglesa BP y la española Repsol y la italiana ENI y las estadounidenses Conoco Phillips, Exxon Mobil y Chevron Texaco. Por si tantos esfuerzos por apaciguar a los saqueadores no fueran suficientes, instruyó a la Autoridad de Inversiones Libia para que invirtiera 70.000 millones de dólares en Europa, y a pesar de tener una insignificante deuda pública de 5.000 millones de dólares, menos del 0,50% de sus reservas internacionales, aceptó un Paquete del FMI en virtud del cual retiró los subsidios a seis bienes de consumo básico y privatizó numerosas empresas públicas, dejando un saldo de desempleados que quizá engrosaron las manifestaciones en su contra que sirven de pretexto para la criminal invasión en curso. La oligarquía con la que intentes colaborar será la que te venderá. El Fondo Monetario al que dejes dirigir tu economía será quien te arruinará. El tratado que aceptes como supraconstitucional te depondrá. El organismo internacional cuya intervención aceptes será el que te intervendrá. El juez extranjero al cual entregues la soberanía de jurisdicción será el que te condenará. El árbitro foráneo al cual cedas la decisión sobre tus contratos de interés público será el que te embargará. La transnacional a la cual exoneres de pagar impuestos financiará con ellos los aviones que te bombardearán. La diferencia étnica o regional que fomentes será la que te dividirá. La empresa mixta a la que entregues el control de tu industria petrolera será la que paralizará tu sistema informático y te saboteará. Quien entrega al enemigo la llave de su marcapasos garantiza el paro cardíaco.

5
Si no puedes saquear, hazte la vista gorda. Con astucia conmovedora, Rusia y China omitieron vetar en el Consejo de Seguridad el plan de Estados Unidos de saquear el petróleo del mundo valiéndose del sicariato de la OTAN. La Liga Árabe y la Unión Africana, clubes de próximas víctimas, han sido ambiguas. Según lo revelan palmariamente la “Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de América”, formulada por George W. Bush en Washington el 17 de noviembre de 2002, y planes como el New American Century, los estadounidenses no están dispuestos a ceder un ápice en su arremetida para confiscar violentamente los recursos del mundo y liquidar a los restantes países negándoselos. Su guerra con Japón comenzó cuando para aniquilarlo como potencia le impuso un bloqueo energético. Ilusorio es pensar que el león respetará las tajadas ofrecidas a quienes no supieron oponérsele. Si se confisca la energía es para primero ahogar a China, la gran competidora de la hegemonía estadounidense. Después de China seguirá Rusia, buena parte de cuyas reservas quedaron en los países separados de la antigua Unión Soviética. En fin, la Unión Europea y Japón tocarán el fondo del vasallaje por gotas de energía fósil. Cuatro guerras han arrancado por la ejecución de ese plan: la de Irak, la de Afganistán, la de Libia, la de Bahrein. Ha comenzado el conflicto planetario para garantizar el monopolio de la energía fósil por menos del cinco por ciento de la población global. El resto de las potencias deberán oponerse o desaparecer. Quienes dejaron hacer, perecerán sin poder hacer nada. Postergar la confrontación sólo la agravará.

6
Si no puedes unírteles ni obedecerles ni congraciarte ni hacer la vista gorda, resiste. Cinco por ciento de la población del globo en la peor crisis económica de la Historia no puede condenar a muerte al 95% restante sino contando con la desunión, la desorientación o el autoengaño de ésta. ¿Qué condiciones reúnen los pueblos que hasta ahora resistieron exitosamente las invasiones imperiales? En primer lugar, han afirmado y defendido su especificidad cultural. En segundo lugar, han evitado que diferencias étnicas o culturales internas los dividan o secesionen. En tercer lugar, han asumido a plenitud y sin medias tintas un proyecto alternativo al del capitalismo. En cuarto lugar, han logrado consolidar a las bases populares en torno a dicho proyecto. En quinto lugar, han entrenado y armado a las bases para la defensa del mismo. En sexto lugar, jamás han cedido soberanía ni posiciones para complacer a transnacionales, medios de comunicación ni organismos internacionales. En séptimo lugar, han consolidado alianzas bilaterales, regionales, continentales o mundiales con países o bloques que presentan afinidades ideológicas, económicas o de situación periférica. La amenaza de todos los bloqueos y todos los bombarderos del mundo no pueden contra un pueblo ideologizado, orgulloso de su cultura, compenetrado con su propio proyecto social y político y armado. No han podido contra Vietnam, contra Cuba. Todavía se empeñan en vano contra la resistencia en Irak, Pakistán y Afganistán. Se elige como blanco a la mínima Libia y no al poblado Irán. Son lecciones que quizá aprovechen los próximos en la lista: todos los habitantes del planeta.


Tomado de: http://www.luisbrittogarcia.blogspot.com/

miércoles, 9 de marzo de 2011

“Cada una de nosotras está aterrorizada por una educación que infecta el espíritu”


Nurit Peled Elhanan
Somos por nuestros hermanos y hermanas
en lucha sin diferencias,
por nuestro derecho legítimo a la vida...
Ayúdame a ver más allá,
de la cárcel del cuerpo, del tiempo...
Somos sangre y grito,
aliento emocionado de la razón que agoniza...

DT



No nací para ocupar un espacio y nada más.

Ignoro cuál será mi participación.

Me tocó ser mujer y no me quejo,

me tocó caer en la humedad del tiempo,

en la inhóspita sequedad de los caminos

pero aquí me quedo

entre escombros y desperdicios.

Destruyan mi epidermis resentida,

despedacen mis sueños, mi alegría,

aniquílenme

mas no pretendan sancionarme

porque un día aparecí sobre la tierra

y tuve voz y grité

y tuve fronteras y no quise despertar sin ellas

y tuve armas y allí están

perfiladas, inmóviles, ariscas.


 
Lydda Franco Farías


Discurso de Nurid Peled Elhanan ante el Parlamento Europeo el ocho de marzo de 2005, en conmemoración del Día Internacional de la mujer

"Gracias por haberme invitado a esta jornada. Siempre es un placer y un honor estar aquí, entre ustedes.

Sin embargo, debo decir que creo que deberían haber invitado a una mujer palestina en vez de a mí, porque las mujeres que más sufren la violencia en mi país son las mujeres palestinas. Y quisiera dedicar mi discurso a Miriam R’aban y a su marido Kamal -de Bet Lahiya, en la banda de Gaza-, cuyos cinco hijos fueron asesinados por soldados israelíes cuando recogían fresas en el campo de fresas familiar. Nadie será juzgado por este crimen.

Cuando pregunté a mis anfitriones por qué no invitaban a una mujer palestina, su respuesta fue que eso haría que la discusión estuviera “demasiado localizada”. No sé qué es la violencia no localizada. El racismo y la discriminación pueden ser conceptos teóricos y fenómenos universales, pero su impacto es siempre local, y bien real. El dolor es local, la humillación, los abusos sexuales la tortura y la muerte son todos ellos muy locales, lo mismo que las cicatrices.

Desgraciadamente, es cierto que la violencia local infligida a las mujeres palestinas por parte del gobierno y del ejército israelí se ha extendido a todo el planeta. De hecho, la violencia de Estado y la violencia del ejército, la violencia individual y colectiva, son hoy el sino de las mujeres musulmanas, no sólo en Palestina sino allí donde el mundo occidental ilustrado pone su bota imperialista. Es una violencia que casi nunca se aborda y que la mayoría de las personas en Europa y Estados Unidos apenas excusan. Ocurre así porque el denominado mundo libre tiene miedo del útero musulmán.


La grande France de la liberté l’égalité et la fraternité [La gran Francia de la libertad, la igualdad y la fraternidad *] está aterrorizada por unas jóvenes que llevan pañuelo en la cabeza, el Gran Israel judío tiene miedo del útero musulmán que sus ministros califican de amenaza demográfica. El todopoderoso Estados Unidos y Gran Bretaña contaminan a sus respectivos ciudadanos con un miedo ciego a los musulmanes, que son descritos como viles, primitivos y sedientos de sangre, además de no demócratas, chovinistas, machistas y productores en masa de futuros terroristas. Y ello, a pesar del hecho de que quienes destruyen hoy el mundo no son musulmanes. Uno de ellos es un cristiano devoto, otro es anglicano y el tercero es un judío no piadoso.

Nunca he vivido el sufrimiento que las mujeres palestinas padecen a diario, a cada hora; no conozco el tipo de violencia que hace de la vida de una mujer palestina un constante infierno. Esta tortura física y mental cotidiana de las mujeres a las que se les priva de los derechos humanos y de sus necesidades fundamentales de una vida privada y de dignidad; mujeres a cuyas casas se entra con una orden judicial a cualquier hora del día o de la noche, a quienes se ordena -bajo la amenaza de un arma- desnudarse y quitarse la ropa delante de extraños y ante sus hijos, cuyas casas son destruidas, que son privadas de sus medios de existencia y de toda vida familiar normal.

Todo esto no forma parte de mi experiencia personal. Pero soy una víctima de la violencia contra las mujeres en la medida en que la violencia contra los niños es, de hecho, una violencia contra las mujeres. Las mujeres palestinas, iraquíes, afganas son mis hermanas porque todas nos encontramos atrapadas en el asedio de los mismos criminales sin escrúpulos que se denominan dirigentes del mundo ilustrado libre y que, en nombre de esta libertad y de esta ilustración, nos roban a nuestros hijos.

Además, las madres israelíes, estadounidenses, italianas y británicas han sido, la mayoría de ellas, violentamente cegadas y descerebradas hasta el punto de que ya no se pueden dar cuenta de que sus hermanas, sus únicas aliadas en el mundo, son las madres musulmanas, palestinas, iraquíes o afganas cuyos hijos son asesinados por nuestros hijos o que se hacen explotar en pedazos junto con nuestros hijos e hijas. Todas ellas están infectadas por los mismos virus engendrados por los políticos. Y todos los virus son iguales, aunque tengan diversos nombres ilustres, como Democracia, Patriotismo, Dios, Patria. Forman parte de ideologías falsas y trucadas cuya intención es enriquecer a los ricos y dar poder a los poderosos.

Todas nosotras somos víctimas de la violencia mental, psicológica y cultural que hace de nosotras un solo grupo homogéneo de madres enlutadas o potencialmente enlutadas. Las madres occidentales a quienes se enseña a creer que sus úteros son una baza nacional, lo mismo que se les enseña a creer que el útero musulmán es una amenaza internacional. Se les educa para que no exclamen: “Yo le he traído al mundo, le he amamantado, es mío y no le dejaré que sea aquel cuya vida vale menos que el petróleo, cuyo futuro vale menos que un pedazo de tierra”.


Cada una de nosotras está aterrorizada por una educación que infecta el espíritu para que creamos que lo único que podemos hacer es rezar para que nuestros hijos vuelvan a casa o estar orgullosas de sus cuerpos muertos.

Y todas nosotras hemos sido educadas para soportar todo esto en silencio, para contener nuestro temor y nuestra frustración, para tomar Prozac contra la ansiedad, pero nunca para aclamar en público a Madre Coraje. Nunca ser verdaderas madres judías o italianas o irlandesas.

Yo soy una víctima de la violencia de Estado. Mis derechos naturales y civiles en tanto que madre han sido violados porque temo el día en que mi hijo cumpla 18 años y me sea arrebatado para ser el instrumento del juego de unos criminales como Bush, Blair y su clan de generales sedientos de sangre, sedientos de petróleo, sedientos de tierra.

Viviendo en el mundo en el que vivo, en el Estado en el que vivo, en el régimen en el que vivo, no me atrevo a ofrecer a las mujeres musulmanas ninguna idea, cualquiera sea ella, sobre la manera de cambiar sus vidas. No quiero que se quiten los pañuelos o eduquen a sus hijos de otra manera, ni las presionaré para que constituyan Democracias a imagen de las democracias occidentales que las desprecian tanto a ellas como a quienes corren su suerte.

Sólo quiero pedirles humildemente que sean mis hermanas, expresar mi admiración por su perseverancia y su valor, que sigan teniendo niños y que mantengan una vida llena de dignidad a pesar de las imposibles condiciones en las que las hace vivir mi mundo. Quiero decirles que todas estamos unidas por el mismo dolor. Que todas somos las víctimas de los mismos tipos de violencia, aunque ellas sufran mucho más y porque son ellas quienes son maltratadas por mi gobierno y su ejército y con ayuda de mis impuestos.

El islam en sí, como el judaísmo en sí y el cristianismo en sí, no es una amenaza ni para mí ni para nadie. Amenazas son el imperialismo estadounidense, la indiferencia y la cooperación europeas y el racista y cruel régimen israelí de ocupación. El racismo, la propaganda en la educación y la xenofobia inculcada es lo que convence a los soldados israelíes de ordenar a las mujeres palestinas, amenazándolas con sus fusiles, que se desnuden delante de sus hijos por razones de seguridad; la más profunda falta de respeto por el otro es lo que permite a los soldados estadounidense violar a mujeres iraquíes, lo que da licencia a los carceleros israelíes para mantener a las jóvenes en condiciones inhumanas, sin la ayuda higiénica necesaria, sin electricidad en invierno, sin agua limpia o colchones limpios, y para separar a las madres de sus bebés y de los niños a los que están amamantando. Para cerrarles el camino a los hospitales, para bloquearles el camino a su educación, para confiscar sus tierras, para arrancar sus árboles e impedirles cultivar sus campos.

No puedo comprender completamente a las mujeres palestinas o sus sufrimientos. No sé cómo habría sobrevivido yo a tales humillaciones, a tal falta de respeto por parte del mundo entero. Lo único que sé es que la voz de las madres ha permanecido silenciada durante demasiado tiempo en este planeta devastado por la guerra. No se oye el grito de las madres porque no se invita a las madres a los foros internacionales como éste. Esto lo sé, y es bien poco. Pero es suficiente para que me acuerde de que estas mujeres son mis hermanas y que merecen que yo grite y luche por ellas.

Y cuando ellas pierden a sus hijos en los campos de fresas o en las mugrientas carreteras cerca de los check points [controles de seguridad], cuando sus hijos son abatidos en el camino al colegio por hijos de israelíes que han sido educados para creer que el amor y la compasión se ejercen dependiendo de la raza y de la religión, lo único que puedo hacer es permanecer a su lado y al de sus bebés traicionados, y preguntar lo que Anna Akhmatova [poeta rusa (1889-1966)], otra madre que vivió en un régimen de violencia contra las mujeres y los niños, preguntó. ¿Por qué este hilillo de sangre desgarra el pétalo de tu mejilla?”"

* En francés en el original.
Fuente: Rebelión. Traducido para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.